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Cómo saber si un texto o una imagen está hecho con IA
No hay un detector infalible, pero sí comprobaciones que funcionan: marcas de agua, credenciales de contenido, búsqueda inversa y sentido común. Y lo que cambia con la ley europea.
La respuesta corta: no existe una herramienta que diga con certeza si algo lo ha hecho una IA. Lo que sí hay son pistas que, juntas, dan una respuesta razonable. Para imágenes y vídeo hay comprobaciones técnicas bastante fiables cuando dan positivo; para texto, casi ninguna.
Imágenes y vídeo: cinco comprobaciones
1. Las credenciales de contenido
Cada vez más generadores de imágenes, cámaras y programas de edición guardan dentro del archivo un certificado de origen según el estándar C2PA, conocido como credenciales de contenido: qué herramienta lo creó y qué ediciones ha tenido. Puedes leerlo subiendo el archivo a contentcredentials.org/verify ↗.
El límite: ese certificado viaja en los metadatos, y una captura de pantalla o muchas redes sociales al recomprimir la imagen lo borran. Que no aparezca no significa nada; que aparezca, sí.
2. La marca de agua invisible de Google
Google marca lo que generan sus modelos con SynthID, una marca de agua invisible que sobrevive a recortes y compresiones. Para comprobarla, sube el archivo a Gemini y pregúntale «¿Esto se ha creado con IA de Google?».
- Si detecta la marca, todo o parte del contenido se creó o editó con IA de Google.
- Si no la detecta, solo sabes que no lo hizo Google: pudo hacerlo otra IA.
- Admite imágenes y vídeos de hasta 100 MB, vídeos de menos de 90 segundos y audios de menos de una hora, con unas diez comprobaciones al día por tipo de archivo.
- Según Google, Gemini también lee las credenciales de contenido de otras empresas (versión 2.2 o posterior).
3. La búsqueda inversa
Busca la imagen con Google Lens o un buscador de imágenes. Si aparece publicada años antes, en otro contexto o con otra fuente, ya sabes mucho. Si solo existe desde hace unas horas y en cuentas que no conoces, desconfía.
4. Los detalles
Manos con dedos de más, letreros con letras sin sentido, pendientes distintos en cada oreja, sombras que no cuadran, reflejos que no coinciden. Cuidado: los generadores actuales cometen cada vez menos estos errores, así que la ausencia de fallos ya no prueba nada.
5. El contexto
¿Quién lo publicó primero? ¿Lo cuenta algún medio que lo haya verificado? ¿Encaja con lo que se sabe del lugar y la fecha? Casi siempre, la pregunta útil no es «¿es IA?» sino «¿es verdad lo que muestra?».
Textos: por qué los detectores fallan
Los detectores de texto hecho con IA dan una probabilidad, no una prueba, y se equivocan en las dos direcciones:
- Falsos positivos. Marcan como «IA» textos escritos por personas, sobre todo si son formales, sencillos o de alguien que escribe en un idioma que no es el suyo. Un estudio de la Universidad de Stanford de 2023 encontró que acusaban con mucha más frecuencia a quienes escribían en inglés como segunda lengua.
- Falsos negativos. Basta con retocar un poco el texto generado, o pedirle a la IA otro estilo, para que pase como humano.
- La propia OpenAI retiró en 2023 su detector de textos por su baja precisión.
Por eso nunca se debe acusar a nadie solo por lo que diga un detector, ni en clase ni en el trabajo.
Lo que sí funciona con un texto
- Comprobar los datos y las citas. Las IA inventan con seguridad referencias, sentencias y cifras. Una cita que no existe es la pista más sólida.
- Pedir el proceso. Borradores, historial de versiones, notas. Quien lo escribió puede explicar por qué eligió cada cosa.
- Hablarlo. Unas preguntas sobre el contenido suelen aclarar más que cualquier herramienta.
- Desconfiar del tono, pero sin fiarse de él: frases de relleno, estructuras idénticas y ningún detalle propio son indicios, no pruebas.
Voz: el caso más peligroso
Clonar una voz ya requiere solo unos segundos de audio, y las estafas por teléfono con la voz de un familiar existen. Dos defensas sencillas: cuelga y llama tú al número que conoces, y acuerda con tu familia una palabra clave para emergencias.
Lo que cambia con la ley europea
Desde el 2 de agosto de 2026 se aplican las obligaciones de transparencia del reglamento europeo de IA (artículo 50):
- Quien ofrece un sistema que genera imágenes, audio, vídeo o texto debe marcarlo de forma legible por máquina y permitir detectarlo. Los sistemas que ya estaban en el mercado antes de esa fecha tienen margen hasta diciembre de 2026 para el marcado.
- Quien publica un deepfake debe decir que lo es, con una etiqueta clara.
- Los textos sobre asuntos de interés público generados con IA y publicados sin revisión humana también deben identificarse.
- Hablar con un chatbot obliga a avisar de que es una IA.
Con el tiempo habrá más contenido marcado, pero no todo: quien quiere engañar no lo etiqueta, y las marcas en los metadatos se pueden borrar. El sentido común sigue haciendo falta. El resto del reglamento lo explicamos en qué cambia con el reglamento europeo de IA.
En resumen
- Imagen o vídeo: credenciales de contenido, Gemini para lo de Google, búsqueda inversa y contexto. Un positivo vale mucho; un negativo, poco.
- Texto: comprueba los datos y habla con quien lo firmó. No te fíes de los detectores.
- Voz: cuelga y llama tú.
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